Un encuentro japonés

El pasado jueves el club de lectura tuvo un encuentro muy japonés. Analizamos la obra de Yasunari Kawabata, La casa de las bellas durmientes –  眠れる美女. Una novela corta escrita en 1961, que llegó a nuestro país en 1978.

Las visitas del viejo Eguchi a un lugar donde pasa la noche con muchachas dormidas, inspiro a Gabriel García Márquez para realizar su obra Memoria de mis putas tristes. Os recomendamos leer esta novela corta del escritor colombiano y su cuento El avión de las bellas durmientes, donde incide en el tema.

CREATIVIDAD RADIOFÓNICA. EL AVIÓN DE LAS BELLAS DURMIENTES

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Ahondando en el tema del amor que aparece en estos textos incluimos En la triste calma de tu sueño. Lectura de dos textos de Gabriel García Márquez: “El avión de la bella durmiente” y “Memoria de mis putas tristes” de Karen Poe Lang.

El concepto del cuerpo en esta obra de Kawabata es analizado en el artículo de Ángeles Ortiz Gómez, titulado La polisemia del cuerpo en La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata.

Vargas Llosa también se sintió atraído por este texto, que incluyó en su ensayo de obras literarias llamado La verdad de las mentiras, podéis consultarla en la Biblioteca Lope de Vega de Tres Cantos.

La obra y la figura de Kawabata volverá a nuestro blog en otras ocasiones.
Espero que nos sigáis la pista para volver a tener “un encuentro japonés”.

Cien años se leen en un suspiro

El Club de la tarde de los jueves acaba de leer Cien años de soledad, una de las obras más conocidas de la literatura universal. Para continuar su análisis a través de la “nube”, os proponemos varios textos que aportan información sobre el nacimiento de la obra, la opinión de su García Márquez y el análisis de otro gran escritor y premio Nobel Vargas Llosa.

La génesis de Cien años de soledad

Faulkner y Mientras agonizo

“Mi padre decía que el sentido de la vida es prepararse para estar muerto”

William Faulkner, es uno de los novelistas estadounidenses más importantes del siglo XX. Escritor sureño, nació en New Albany (Misisipi) en 1897, ganó el Nobel en 1949 y obtuvo dos Premio Pulitzer. Es considerado un modernista sucesor de escritores tan ilustres como Virginia Woolf, James Joyce o Marcel Proust. Y reconocen su influencia tanto García Márquez como Vargas Llosa.

Miembro integrante de la llamada Generación Perdida junto con Francis Scott Fitzgerald, John Dos Passos, Ernest Hemingway, John Steinbeeck o Ezra Pound. En el  texto de Félix Rebollo Sánchez titulado La culminación de la gran literatura: la generación perdida, encontraréis información  de la misma y  una breve reseña de sus protagonistas.

Su obra Mientras agonizo, escrita según palabras del autor en “seis frenéticas semanas“, mientras trabajaba en diversos trabajos como bombero o vigilante nocturno, es una novela narrada desde diferentes puntos de vista (hasta 15 narradores), donde los personajes exponen sus preocupaciones y muestran sus diferentes personalidades a través de monólogos interiores.

La historia trata de maestra Addie Bundren, una mujer agonizante cuya familia espera el momento de su muerte. El deseo de la muerta es ser enterrada en Jefferson (en el condado de Yoknapatawpha, lugar imaginario donde Faulkner sitúa muchas de sus obras), lo que obliga a la familia a recorrer un largo camino lleno de dificultades, trasladando el cadáver en un carromato de mulas.

Os animo a leer el artículo de José María Guelbenzu sobre la novela en Revista de Libros.