Farándula

3Reseña de “Farándula” por Nadal Suau en El Cultural de El Mundo el 20 de noviembre de 2015

La nueva novela de Marta Sanz (Madrid, 1967), esta estupenda Farándula, está encabezada por una cita de María Asquerino afirmando que los buenos actores proyectan su voz “desde abajo”, referencia que remite a un capítulo del ensayo de la misma autora No tan incendiario (Periférica, 2014) titulado “Una propuesta de abajo arriba”. Sanz tocaba en ese libro cuestiones que aquí aparecen recreadas a cuenta de un mundo, el del teatro, muy parecido al de la literatura en las encrucijadas que afronta: su creciente incapacidad de importarle al mundo, la militancia del actor/autor, el realismo como búsqueda de una verdad no sometida al relativismo, la elección entre escenificar/escribir para consolidar un consenso o bien para señalar sus contradicciones, trabajar sin cobrar sin que ello represente una forma de respeto al arte sino mera miseria… No es extraño que en sus páginas finales una actriz se revele narradora y decida hablar en primera persona desde una fuerte conciencia de escritura, según la cual servirse de la caligrafía (trazar una ‘t’ o una ‘b’, por ejemplo) es una forma más de trabajo corporal. O que, en definitiva, las “malas palabras” manchan pero deben utilizarse porque en realidad la mancha ya estaba allí. En resumen, Farándula es un libro sobre las posibilidades reales de que disciplinas artísticas casi extintas sigan sirviendo para algo.

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En Farándula se cuelan los aspectos más horteras de nuestra realidad mediática, como se cuela la calle, Internet o los Premios Goya. Empieza pareciendo una farsa jocosa y acaba por resultar demoledora, sin dejar de responder a la convicción de que el narrador tiene una responsabilidad. Puro Sanz, deja dos grandes capítulos: una representación de Eva al desnudo ante un público que masca chicle y hace fotos porque en 2015 la tradición no opera y la televisión engorda; y el momento en que sorprendemos a la actriz Mariana Galán empanando unas pechugas antes de afirmar que “el teatro es hoy más político que nunca sólo por el hecho de seguir siendo teatro” (¿y la literatura?). Simultáneamente firme en sus convicciones y sutil y explícita en la exhibición de las contradicciones que arrastran, esta novela intenta esquivar no tanto el triunfo como una forma de triunfo que consista en “estar de acuerdo”. El resultado es que le ha supuesto el Premio Herralde a su autora, que afianza su estatus en el panorama nacional de un arte que no importa a nadie pero sigue produciendo, mientras agoniza, algunas razones para arrojar rosas amarillas al escenario.

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