Sorgo rojo

Por: Adolfo Cabrera Iwaki en El buen Librero

Kenzaburo Oe, famoso escritor japonés, opinó alguna vez que si pudiera nominar a una persona para que reciba el Premio Nobel de Literatura, sería Mo Yan. Y no se equivocó: en el 2012, a pesar de que uno de los favoritos para llevarse el máximo galardón de las letras era Haruki Murakami, el premio fue otorgado al escritor chino. Reconocimiento inequívoco para un escritor prolijo que se ha ganado buenas críticas en los últimos años.

Polémico y a la vez aclamado, Mo Yan es un representante de la literatura mundial en una restrictiva China. A pesar de que su verdadero nombre es Guan Moye, utiliza el seudónimo Mo Yan que significa “no hables”. Intencionalmente o no, puede ser una demostración de la situación de censura que viven millones de sus compatriotas en todo el territorio chino desde hace años.

Sus historias son una combinación de crudeza y realismo. Una narración que permite al lector adentrarse en la realidad de su país. El dramatismo plasmado en cada hoja hace que seamos testigos de épocas, situaciones y personajes.Puede que Mo Yan sea el único escritor que describa su país de manera concisa. Sorgo Rojo es el relato vívido de una realidad difícil en una época difícil: el trágico destino de los campesinos de una devastada China en la década de los años treinta. Frente a ellos, el enemigo invasor japonés que ha arrasado los campos y perturbado sus vidas, es un pérfido enemigo que siembra el terror en la población civil.

La destrucción y la muerte rondan por los cultivos de sorgo. Muchas vidas inocentes se pierden y toda esperanza recae sobre las armas. La única manera de sobrevivir es mediante los escasos fusiles e improvisadas estrategias de combate. Para los campesinos de la zona rural de Shandong, el día a día se vuelve impredecible, ellos nunca saben si aquellos soldados del uniforme caqui estarán muy cerca de lo que creen.

El sorgo, poderoso insumo para la elaboración de vino, se vuelve la principal fuente de vida. En tiempos de guerra, su producción y consumo es un medio necesario de subsistencia. Este elemento se utiliza en todo sentido: una medicina que permite aliviar heridas de guerra, un manto protector de cadáveres o, simplemente, un lugar para esconderse y sorprender al enemigo.

Héctor Gómez Pinos para Observatorio de la Economía y la Sociedad China

Tenida como una de las más importantes muestras de la literatura de su época, Sorgo Rojo (1987) es una novela del autor chino Mo Yan encuadrada dentro de la llamada “Literatura de las Raíces”. Este movimiento, cuya base podemos encontrar en cierta manera en el destacado papel que el “realismo” había tenido tras la proclamación de la República Popular, cobró forma en la década de los ochenta al amparo de la “fiebre cultural” (a la que apenas sobrevivió) generada por el creciente aperturismo, y de los debates sobre la dirección que la rápida modernización experimentada debía seguir.

Así, frente a esta modernización y la expansión de las formas de vida urbanas, en un ambiente de búsqueda de la propia identidad, la “Literatura de las Raíces” apostó por la necesidad de construir y mantener viva una memoria que, aún sin pretenderlo, se proyecta en el presente, por no olvidar la génesis de la cultura china, la vida rural y sus costumbres, eso sí, como bien vemos en esta obra, todo ello planteado más desde un punto de vista estético que anclado en lo político-ideológico. La vida de Mo Yan (1955-), sin duda, le permitía conocer esa realidad y apostar por este movimiento: miembro de una familia granjera, entró a trabajar en una fábrica durante la Revolución Cultural para acabar pasando a formar parte del Ejército Popular de Liberación, donde, en 1981, publicó la primera de una serie de exitosas novelas.

Ya desde la primera página de Sorgo Rojo, aún antes de comenzar el relato, su autor, inmerso en la vida moderna, se reconoce indigno del pasado heroico de su pueblo. Un pasado que a lo largo de la obra que nos ocupa se narra de forma fragmentada, casi cinematográfica, con constantes saltos en el tiempo pero que en ningún momento dan sensación de incoherencia. La vida de Zhan’ao, de su hijo y demás familiares del narrador es también una historia cruda, lo que lleva a nuestro “anfitrión” a pensar que su pueblo es el más hermoso, pero también el más horrible. Los acontecimientos que allí se dieron son tan duros que es difícil anhelarlos, pero deben mantenerse siempre presentes en un ambiente de progreso que convierte a sus descendientes en poco filiales, en gente que no merece “siquiera llevarles una vela” a sus muertos.

Un pensamiento en “Sorgo rojo

  1. Muy interesante leer autores que nos acercan otros continentes, otros mundos, otras maneras de vivir, otras épocas.
    Tal vez nos acerca tanto, que todavía me estoy lavando la camiseta de la sangre que me ha salpicado mientras leía.
    Me ha parecido un cuento chino. Eso sí, con mucha potencia y mensaje, entre tanto ajetreo.

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