La mujer justa

La mujer justa por Adriana Santa Cruz para Leedor.com

La mujer justa se destaca como una reveladora indagación en las emociones y la psicología humanas y, al mismo tiempo, como el retrato de una cultura y de un momento histórico. Es un cautivante relato, que tiene como marco la sociedad burguesa de Budapest en la época de entreguerras, donde tres personajes narran su versión de una historia de pasiones que los involucra.

La novela, entonces, se plasma a través de tres distintas miradas y el uso de la perspectiva, del punto de vista, resulta en este sentido un recurso fundamental. Este texto se estructura en tres partes; cada parte es contada por un narrador diferente. Marika, una mujer tan enamorada que ama más a su marido (Péter) que a su propio hijo. Péter, un hombre de una familia rica, carcomido por su amor hacia Judit, una mujer que no pertenece a su clase. Judit, una mujer pobre que ha sufrido las más aberrantes privaciones y que ve en su unión con Péter la posibilidad de conseguir aquello que la sociedad le ha negado.

Cada personaje le cuenta su versión, su experiencia, a un personaje que lo escucha, como puede ser un amigo o un amante. Y es en este monólogo ─ya que este segundo personaje interlocutor nunca interviene en la conversación, es solo un recurso literario─ donde el lector puede sentir que la historia, en realidad, se la están contando a él mismo. Así el lector pasa a ser un privilegiado testigo de una trama fragmentada que adquiere fuerza y coherencia a medida que se van desarrollando cada una de las tres versiones que tejen este relato.

Las descripciones que realiza el autor son muy detalladas y le permiten conocer al lector cómo era cada aspecto de una familia de la alta burguesía de la época, como la de Péter. Por ejemplo, el guardarropa de esta familia es descripto como algo inconmensurable: alberga infinitos guantes para cada ocasión, corbatas de tantos colores como el arcoíris y zapatos que superan el espacio físico destinado a guardarlos. La casa se describe más como un museo donde se coleccionan objetos, que como un hogar. Allí cada integrante tiene un piso para sí mismo y los cubiertos de plata, la porcelana fina y la cristalería se guardan como si fueran reliquias y sólo se utilizan en ocasiones muy especiales. Pero las descripciones, tan bien logradas en esta obra, no se quedan en la superficie: no alcanzan solamente a pintar una época, una clase, el estilo de vida de los personajes y su aspecto físico. También se describen sentimientos y pensamientos con gran agudeza y profundidad, lo que deja ver en Márai a un sensible observador del comportamiento humano y de aquello que lo motiva. Por medio de las reflexiones de los personajes, de la narración de sus sufrimientos, sus esperanzas, sus miedos, sus decepciones, la condición humana es mostrada como frágil y contradictoria. Es a través de esta indagación en las emociones que constituyen lo humano como Márai construye sus personajes con maestría.

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