La casa de las bellas durmientes

Kawabata y sus bellas durmientes. Reseña de Norma L. Vázquez Alanís para quidméxico

“Breve, bella y profunda, La casa de las bellas durmientes deja en el ánimo del lector la sensación de una metáfora cuyos términos no son fáciles de desentrañar”. Fue así como resumió el escritor peruano Mario Vargas Llosa esta novela corta del Nobel de literatura  japonés Yasunari Kawabata.

En la obra, publicada por primera vez en 1961, Kawabata escribe sobre la vejez como algo triste y devastador, pero ineludible y que da la oportunidad al ser humano de hacer reflexiones profundas sobre los estragos que provoca el tiempo en el alma, aunque también de recordar vivencias remotas.

La novela se desarrolla en una casa de placer donde las mujeres son de una belleza impresionante, en la flor de su juventud, pero están ausentes, sumidas en la profundidad de la inconsciencia… los hombres que pagan por estar a su lado deben conformarse con mirarlas y dormir a su lado, o al contemplarlas, explorar su soledad, recordar sus amores idos y quizá dar rienda suelta a su instinto asesino.

(…)

La prosa de Kawabata, pausada, sensible, minuciosa y estética, confiere una gran relevancia a los más pequeños detalles y es representativa de la cultura japonesa, con su gran carga de machismo y misoginia.

Esta obra es una de las más sensuales y lujuriosas escritas por Kawabata, ya que describe los cuerpos bellos y firmes de las jóvenes con todo tipo de detalle y morbosidad, dando al lector un sinfín de imágenes que descifran los enigmas de la pasión.

Y es que las muchachas, casi niñas, despiertan en Eguchi una multitud de sensaciones, unas veces tiernas y otras claramente perversas, haciendo de esta una novela tan sugestiva como cruel, que cuenta una historia tranquila, pero descarnada.

“La casa de las bellas durmientes” -que el escritor Yukio Mishima consideraba la obra máxima de Kawabata– encierra en sus páginas cargas intensas de profundidad psicológica en los personajes, anécdotas narradas con extrema sencillez sin menoscabo del contenido y una penetrante visión de la naturaleza humana, pero sobre todo una mirada aguda y casi obsesiva por penetrar el alma púber de las jóvenes.

(…)

“La casa de las bellas durmientes”, que el propio Kawabata definió como un intento de hallar la armonía entre el hombre, la naturaleza y el vacío, ofrece al lector la interpretación única de cada quien, a través de una pluma sensitiva que captura con delicadeza y rigor estético las pulsaciones terrenas y fantásticas del personaje.

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