En la orilla

Reseña de En la orilla por Cristina García Ferry publicada en Vísperas. Revista panhispánica de crítica literaria.

“En la orilla es un libro totalmente centrífugo, como un pulpo que quiere tocar todas las cosas. No quiere ser un libro de personajes sino de un tiempo”, decía Rafael Chirbes en una entrevista en el año 2013 refiriéndose a su novela, Premio Nacional en Narrativa al año siguiente: la antítesis de lo expuesto en su momento por John Gardner quien aseguraba que los personajes son la vida de una novela y el ambiente sólo el entorno para que éstos se muevan.

Y es que el entorno es crucial para En la orilla: un ambiente sin alegría, sin esperanzas; un libro poblado de personajes tristes y acabados donde se respira el derrumbe moral y social a causa de la ruina económica que ha asolado este país.

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Con párrafos extensos a modo de soliloquio incesante, con una redacción sobresaliente y con muy pocos diálogos, en la novela se diseccionará, se examinará y se analizará la crisis de este país a través de los protagonistas, aunque la voz predominante entre todos ellos será la de Esteban. Utilizando metafóricamente el pantano de Olba y lo que alberga y oculta, como símil de todo lo que esconde la crisis y las almas que la pueblan.

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En la orilla no es un libro de fácil lectura y es especialmente denso. Clasificado como novela negra -y técnicamente lo es-, ésta es una novela que no dispone de trama -no es la primera ni tampoco será la última donde se establece como algo no imprescindible en un libro-, y donde lo de menos serán los personajes, el argumento, ni tampoco el muerto que aparece en las primeras páginas y, sorprendentemente, lo de menos será el desenlace.

“En libros como Crematorio o En la orilla, se busca, dado que el lector se enfrenta a cosas que no le hacen ninguna gracia, y que le hablan de sí mismo de un modo no muy gratificante, que el lector no te deje”, añadía Chirbes en la entrevista citada. ¡Y vaya si lo consigue! Gracias a un estilo absolutamente dominante, aquel lector que quiera escoger su tempo para realizar una lectura a su aire y delimitar los momentos más propicios según su conveniencia, lo va a tener complicado. Aquí la fuerza es unilateral y el lector no podrá ir a contracorriente del autor porque sería como luchar contra molinos de viento; Chirbes domina esta prosa de 440 páginas y su estilo recuerda al de un acorazado: fuerte, impasible y blindado. Con una narrativa muy diferente a la que nos inunda actualmente, el escritor sorprende por la cantidad de información que dispara -con un estilo exquisito-, tan demoledora y apabullante. Uno, sencillamente, deberá dejarse llevar por el parlamento perpetuo de Rafael Chirbes y, a partir de ahí, la lectura será más fácil.

El estilo y la prosa de Rafael Chirbes es sobresaliente, como para compensar tanta desgracia y podredumbre. Una literatura no ya de calidad sino de brillantez, sabiendo mantener la alerta constante del lector en un libro que prácticamente es sólo discursivo y muy compacto. Si añadimos el entorno degradado y unos personajes rotos, decir que este libro es magnífico, sería decir muy poco.

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