Un soneto de Shakespeare en Stoner

Por Javier Azpeitia, escritor, editor y filólogo. Coordinador de los clubes de lectura de la Biblioteca Lope de Vega de Tres Cantos.

Dentro de la novela Stoner de John Williams, este soneto de Shakespeare posee un valor argumental importante, hasta el punto de que provoca una enorme transformación del protagonista. El soneto, además, está unido temáticamente con la propia novela (como no podría ser de otra forma: John Williams demuestra en esto también su maestría).
En castellano tenemos la suerte de contar con una traducción excelente de los sonetos de Shakespeare, que mantiene la distribución estrófica del soneto inglés y que transforma los endecasílabos originales en tridecasílabos (un verso muy poco común en la tradición castellana). Es una hazaña técnica lograr verter el contenido condensado de los sonetos shakespearianos, en apenas dos sílabas más por verso.
La edición bilingüe de este soneto puede encontrarse en la colección de bolsillo Compactos, de la editorial Anagrama. Una obra que es un verdadero tesoro. Os paso la referencia completa:

 

Shakespeare, William. Sonetos de amor, traducción de Agustín García Calvo, Barcelona, Anagrama, 1974. (Nota: Hay reedición en 1983 y 1996. En la actualidad está agotado, así que si se quiere comprar hay que buscarlo en segunda mano).

Soneto LXXIII de Shakespeare
Traducción de Agustín García Calvo
That time of year thou mayst in me behold

when yellow leaves, or none, or few, do hang

upon those boughs which shake against the cold,

bare ruined choirs, where late the sweet birds sang.

In me thou see’st the twilight of such day

as after sunset fadeth in the west;

which by and by black night doth take away,

death’s second self, that seals up all in rest.

In me thou see’st the glowing of such fire,

that on the ashes of his youth doth lie,

as the deathbed whereon it must expire,

consumed with that which it was nourished by.

This thou perceiv’st, which makes thy love more strong,

to love that well which thou must leave ere long.
En mí contemplas ese mes en que de oro

Las hojas, o ninguna, o pocas, pendulean

De ramas que tiritan con el frío, coro

Ruinoso en que tardíos pájaros gorjean.

En mí tú ves aquella luz del día

Que por poniente deja apenas una huella,

Hurtada poco a poco por la noche fría

Que, otro yo de la muerte, todo en paz lo sella.

En mí tú ves como destellos de ese fuego

Que en las cenizas de su juventud se acuesta,

Como lecho de muerte en que a expirar va luego,

Tragado por aquello que nutrió su fiesta.

Y esto que miras a tu amor lo hace más fuerte

A amar lo que no mucho tardará en perderte.